Quienes Somos

La Iglesia, una, santa, católica y apostólica

Dios, creador de todas las cosas, ha querido salvarnos por medio de Jesucristo y convocarnos, mediante su Espíritu Santo, en su Iglesia, una, santa, católica y apostólica, sacramento de salvación, e instrumento de la comunión con Dios y entre toda la humanidad[1]. La única Iglesia de Cristo se hace presente en las iglesias particulares, confiadas a la guía de un Obispo, quien es principio y fundamento visible de la unidad en esa Iglesia particular, en comunión con el Papa, quien, como sucesor de Pedro, es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la Iglesia universal[2]. El Nuncio Apostólico representa al Papa ante las Iglesias particulares de una nación y ante las Autoridades del Estado[3].

Las iglesias de una nación, unidas en la Conferencia Episcopal

Para promover una acción pastoral común entre las diócesis que forman parte de una nación, los Obispos se reúnen colegialmente en una institución de carácter permanente, llamada Conferencia Episcopal, cuyo principal órgano  ejecutivo es el Consejo de Presidencia, compuesto por el Presidente, el Vice Presidente, el Secretario General, el Tesorero General y dos Obispos Vocales elegidos por la Asamblea Plenaria de entre los miembros del Consejo Permanente.

Las Iglesias de un territorio, unidas en la Provincia Eclesiástica

Las diócesis vecinas se agrupan en provincias eclesiásticas, para fomentar la comunión con la Iglesia universal, es decir, con el Papa, y la unidad en la fe y en la acción pastoral en esa región. Preside la provincia eclesiástica el Metropolitano, que es a su vez Arzobispo de la diócesis que le fue encomendada[4].

La única Iglesia de Cristo, presente en las iglesias particulares

Las iglesias particulares, llamadas diócesis o prelatura, son una porción del pueblo de Dios que vive en un territorio determinado, cuyo cuidado pastoral encomienda el Papa a un Obispo, quien cuenta con la cooperación del presbiterio y de los diáconos, para promover la vocación y misión de las personas consagradas y de los fieles laicos. El Obispo, sucesor de los Apóstoles, y miembro del Colegio Episcopal, es, en comunión con el Papa, maestro de la doctrina, sacerdote del culto sagrado, principio de unidad y guía de la comunidad a él encomendada (cfr. 1 P 5,2)[5].

Las parroquias

Las diócesis se dividen en territorios llamados parroquias. La Parroquia es una comunidad de fieles, cuya atención pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un Párroco[6]. Para una mejor atención pastoral y la colaboración, las parroquias se reúnen en decanatos, los cuales integran zonas pastorales.


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 777-804.

[2] Cfr. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión”, nn. 7, 8, 13.

[3] Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 363.

[4] Código de Derecho Canónico,  cc. 431, § 1 y 435.

[5] Ibíd., c. 375, § 1; cfr. SYNODUS EPISCOPORUM X COETUS GENERALIS ORDINARIUS, “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”Instrumentum laboris, Vaticano, 2001, n. 36.

[6] Ibíd., c. 515, §1.

Conferencia Episcopal de El Salvador